FAIL (the browser should render some flash content, not this).

Comentarios de la Semana

Comentario, 4

Estamos acabando el año y la crisis económica, en lo que toca a España, aún no ha tocado fondo. Los “brotes verdes” continúan sin verse por mucho que nuestros gobernantes se empeñen en querer hacernos ver visiones. Las tasas de destrucción de empleo, de deflación, etc., no crecen en los mismos porcentajes que hace unos meses pero eso el lógico, porque al final alguien tendrá que seguir trabajando; sin embargo, la tasa del 20% de paro está cada vez más cercana y por siete meses consecutivos el PIB ha sido negativo.


Comentario, 3

El Fondo Monetario Internacional anunciaba hoy mismo que la recesión había llegado a su final en todos los países desarrollados menos… España. ¿Qué pasa aquí para que tengamos estas diferencias con nuestros vecinos? Es triste comprobar que lo que muchos economistas decían al principio de la crisis siguen diciéndolo ahora, pero con menor entusiasmo en vista de su poco éxito: España necesita acometer una serie de reformas estructurales para adaptar su economía a los nuevos tiempos. El mercado laboral, el sector energético, la educación, etc., deberían ser temas de debate y reforma de la mano de los técnicos, en vista de que los políticos parece que están demasiado ocupados en sus cotidianas disputas. Pasa el tiempo y las reformas no llegan, al final se está simplemente esperando que las demás economías de nuestro entorno crezcan y nos lleven a nosotros de la mano por la vía del turismo o la construcción. Otra ves lo mismo hasta que de nuevo lleguemos al mismo final. Triste, muy triste.


Comentario, 2

Con la llegada de la crisis estamos observando alguna de las grandes carencias, por una parte del sistema económico en general, y por otra de la estructura económica particular española. Una de ellas y posiblemente la mas penosa, el la situación de nuestro mercado de trabajo, con una tasa de desempleo que duplica la media europea e incluso triplica la de alguno de los países de nuestro entorno. La situación es grave y lo que nos indica es que algo no funciona bien.
Hace unos días cien economistas de prestigio, pertenecientes a todas las tendencias políticas, emitieron un interesante documento en que proponían una serie de reformas estructurales, con el fin de crear un debate fructífero al respecto. Los resultados resultan desalentadores, ningún partido político, ni sindicato, ni patronal parecen haberse enterado; bien al contrario, algunos han sacado pecho advirtiendo que no consentirán ningún tipo de reforma.
El sentido común indica que cuando algo no funciona bien hay que cambiarlo, y si otros los hacen mejor, debemos averiguar como son capaces de ello y en la medida de lo posible, imitarlos. Pero por desgracia parece que quienes nos dirigen hacen bueno aquello de que el sentido común es el menos común de los sentidos. Una gran desgracia para todos, pero fundamentalmente, para los parados.


Comentario, 1

La palabra crisis se ha hecho tan habitual en estos momentos que dudo que alguien pase un solo día sin pronunciarla al menos media docena de veces. En estas estamos cuando decimos que una de las grandes cuestiones que están en crisis es el crédito, es decir, la posibilidad que tienen las empresas y los particulares de conseguir dinero de las entidades financieras. Hemos pasado de un extremo a otro, es decir, de una situación en que los bancos lo han ofrecido con una alegría rayana a la frivolidad, a otra en que conseguir una modesta línea de descuento entra dentro del catálogo de lo milagroso.
Hay empresas que nada tienen que ver con el sector inmobiliario, que en nada se han beneficiado de un boom que tantas alegrías en forma de beneficios y plusvalías ha repartido, pero que sin embargo ahora sufren una carencia de liquidez que alcanza situaciones dramáticas. Es como si los responsables de los departamentos de riesgos de las entidades financieras se hubiesen despertado de pronto dentro de un edificio en llamas, sin haber oído ni siquiera las alarmas anti-incendios; pero ahora, mientras los bomberos hacen su trabajo, mientras se recompone el mobiliario y los lápices se colocan en su sitio, miles de pequeñas y medianas empresas habrán cerrado sus puertas y despedido a sus trabajadores porque no han podido cobrar las facturas a sus clientes, ni pagado las facturas de los proveedores o las nóminas de sus empleados, y todo porque los grandes bancos deben limpiar sus balances, y porque las autoridades… no saben, no contestan. La pregunta ante ese panorama es ¿cuántos aguantarán?